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Consejos para que la navidad no te pille por sorpresa

Consejos para que la navidad no te pille por sorpresa

¡Hola de nuevo, lectores!

El tema de hoy es algo que está a la vuelta de la esquina y quizás más de uno todavía no se haya percatado: la Navidad. Increíble, ¿no os parece que las últimas hayan sido hace nada?

Sea así o no, lo que sí es cierto es que se acercan esas fechas de reuniones, festejos, reencuentros familiares, compras y más compras… Y, ¿qué suele venir acompañando todos estos aspectos? Efectivamente, ¡las comilonas! Ya no sólo en las fechas señaladas, sino que todos en mayor o menor medida empezaremos pronto a tener los compromisos previos típicos, como las comidas de empresa o con la familia o los amigos.

Por lo tanto, mi intención el día de hoy no es para nada alejaros de esa ilusión o hacerla menos atractiva por culpa del agobio resultante de descuidar nuestra alimentación en esos días. Todo lo contrario. Lo que sí me gustaría es contaros algunas cositas que yo realizo para disfrutar y a la vez tratar de cuidarme, simplemente porque me gustan los beneficios que me trae el llevar una alimentación saludable y ordenada, no tan sólo físicos, sino también para mi buen estado psicológico y mental.

Por experiencia en años pasados, el aumento en el nivel de algunos componentes no saludables que sufría mi dieta durante las Navidades (azúcar, grasas de mala calidad, volumen de cada ingesta…) traía consigo consecuencias que no me agradaban, tales como digestiones pesadas y lentas, mayor cansancio físico y mental, menor concentración…  Nada grave, por supuesto, pero sí es cierto que notaba que durante los meses de diciembre y comienzos de enero mi nivel de energía y bienestar no era el mismo, así que me di cuenta de que lo ideal sería disfrutar en igual medida con mis seres queridos, sin necesidad de que mi cuerpo sufriese malestar alguno.

De esa manera, lo que yo hago es entender estas fechas de la siguiente forma: existen algunos días marcados en los que nuestra alimentación va a cambiar inevitablemente, y ello no debe causarnos ningún tipo de estrés. Simplemente pienso que es bueno darnos cuenta de cuáles serán esas fechas para poder organizar nuestra alimentación de los días que las rodean. Y con organizar, no me refiero a llevar a cabo acciones que no tengan ningún tipo de sentido ni fundamento científico, como, por ejemplo, intentar compensar las comidas más copiosas consumiendo cantidades muy pequeñas los días previos y posteriores, o, peor aún, realizar dietas milagro sin ningún tipo de control. Con “organizar”, me refiero a mantener nuestra alimentación normal el resto de los días, siempre que aquella sea, por supuesto, una alimentación sana y equilibrada.

Así, conseguimos que las comilonas no se alarguen durante un mes completo, sino que se concreten en momentos destacados, de manera que podremos disfrutarlos más, ya que no llevamos “maltratando” nuestro organismo durante las últimas semanas, sino que tan sólo nos habremos salido de nuestra alimentación saludable en algún que otro día de dichas semanas. Y, a la vez, esas consecuencias que nos traería la mala alimentación, tampoco estarán tan presentes.

Otro aspecto que también he tratado de introducir en mis costumbres navideñas es el hecho de entender que no es necesario “comer hasta no poder más” en estas bonitas celebraciones. Por supuesto, y, sobre todo, teniendo en cuenta lo tan extendido y normalizado que está ese hecho en nuestra cultura, es algo un poquito más complicado de hacer. Pero no es imposible. Así, cuando me siento a la mesa en Navidad, hago un breve ejercicio de reflexión para simplemente darme cuenta de esto que os comento. Así es como creo que podemos disfrutar realmente de lo que comemos, porque nos hacemos conscientes de lo que estamos consumiendo y no tratamos de forzar a nuestro cuerpo en ningún aspecto.

Incluso, una buena idea es intercambiar alguna de esas recetas menos saludables por otras que incluyan alimentos más sanos y ligeros. Algo que hago yo siempre es por ejemplo, preparar algún postre casero y bien navideño con ingredientes de buena calidad (sin azúcares refinados o grasas insanas) o sustituir algunos entrantes más pesados (fritos, rebozados…) por una ensalada cargada de ingredientes más fresquitos y livianos.

Por último, no nos olvidemos del ejercicio, sobre todo porque nos ayudará a despejar nuestra mente y recargar nuestra energía, la cual puede haber menguado por esas dosis más altas de azúcar o grasa, o incluso por las horas de sueño que nos quitan algunas de esas juntanzas que más se nos alargan, ¿no es cierto?

En fin, lectores, como os digo, y bajo mi punto de vista, tan sólo se trata de encontrar el equilibrio. Debemos pasárnoslo estupendamente y disfrutar de todos los platos sabrosos que nos apetezca disfrutar, y, a la vez, debemos escuchar al cuerpo y entender lo que nos pide en cada momento.

¡Espero que mis consejos contribuyan a que todos recibamos la inminente época navideña con muchas ganas!

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